domingo 29 de junio de 2008

Brenda, una chica Divina y Popular





Ella es parte un fenómeno televisivo que recorre el mundo. Euforia, adoración, afecto, todas esas sensaciones despierta Brenda Asnicar cada vez que aterriza junto a sus compañeros de elenco en algún aeropuerto. Es que esta joven actriz y cantante, de 16 años, brilla en Patito Feo, la exitosa tira juvenil que se emite por Canal 13 y ya cruzó las fronteras del país. Todas las tardes la vecina de La Horqueta se mete en la piel de la malvada Antonella, líder de las Divinas: ellas son preciosas, exitosas, egocéntricas. Y rivales de las bondadosas Populares. ¿Pero cómo será Brenda Cuándo se apaga la cámara? ¿Divina o Popular? Este es un secreto que revelará al final de esta entrevista que le concedió a este blog, en la que también habla de sus comienzos, de sus sueños y de cómo repercute el éxito a su edad. Hace poco dejó de ser anónima, pero afirma haber luchado

como una heroína para llegar a la cima. Es por esta razón que ocupa un lugar en nuestro blog.


Detrás de ese divismo y glamour que envuelve al personaje de Antonella hay una joven dulce, amable, que sonríe a cada rato. Son casi las 21 y Brenda, como todos los días, está por finalizar otra larga jornada de grabación en los estudios de Martínez. Sin embargo, no demuestra cansancio: en sus ojos se refleja la pasión por lo que hace.
“Yo existía antes de Patito Feo. Luché mucho para hacerme conocida”, dispara la actriz. “Hay productores que se preguntan dónde me descubrieron. Si bien Patito fue mi gran salto en televisión, yo vengo trabajando desde hace años con mucho esfuerzo y dedicación”, completa. Corría 2001 y Brenda, con apenas 11 años, se presentaba por primera vez a un casting. Deseaba formar parte del programa Cantaniño. Unas 4000 personas hacían fila en el estadio Obras y allí estaba la pequeña junto a su mamá. Pero el sueño resultó mejor de lo que esperaba: de integrar el coro junto a otros chicos terminó co-conduciendo el programa junto a Jimena Cyrulnik. Cuatro años después condujo “Chicos Argentinos”, un magazine infantil por Canal 7.


¿Cómo convivís con el éxito a tu edad? “Hay que estar en mis zapatos para saber lo que se siente, que no son los de una chica normal de 16 años, porque vivís cosas increíbles”, cuenta Brenda. “Pero es extraño. No imaginaba que el programa iba a tener tanta importancia a nivel internacional. ¡Es loquísimo llegar a México, Perú o Colombia y que te reciban cientos de personas eufóricas con banderas tuyas”, completa. Patito Feo también es un éxito en Israel, Italia y Francia.


“En el programa puedo hacer las tres cosas que me hace feliz: cantar, bailar y actuar”, dice la actriz que en el futuro sueña con consagrarse como cantante, sacar un disco y hacer cine. Además, está nominada nada menos que para el premio Martín Fierro como revelación. Por último llega la pregunta que muchos fans del programa quisieran hacerle, si detrás de cámara será Divina o Popular. Brenda suelta una sonrisa y se confiesa para héroes anónimos: “Soy una mezcla de las dos. Pero si hablamos de sentimientos las Populares son más amigables y bondadosas. Y yo, fuera de cámara, creo que soy más Popular”.




Por Leonel Pagliaro.

miércoles 11 de junio de 2008

Vuelos con modelos a escala, pero con la ambición de los gigantes

De chico soñaba con ser piloto de avión o astronauta. Si bien ese anhelo no se concretó, la pasión por volar sigue vigente: Fabián Landini, de 44 años, es modelista espacial, hobby en el que se diseñan, construyen y lanzan cohetes --naves espaciales-- en escala. Alcanzan entre 150 y mil metros de altura en vuelo vertical, hasta que abren su paracaídas y vuelven a tocar tierra, si todo sale bien.

"Siempre me fascinó la ciencia ficción relacionada con el espacio", recuerda Fabián, y cuenta que entró a la órbita del mundo de las pequeñas naves a los nueve años --en plena guerra fría y carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética--, gracias a que a un amigo le habían regalado un kit de cohete para armar. "Construirlos puede llevar desde un par de horas a varios meses, depende de la complejidad y de la terminación del modelo", distingue Fabián.


Instructor de esta actividad en la Escuela Argentina de Modelismo Espacial Cóndor (EAME) --http://www.condor-tec.com.ar/--, da cursos en escuelas e instituciones públicas y privadas, de iniciación para chicos y también para personas experimentadas en la materia.

Esta disciplina comenzó a practicarse en Norteamérica en la década del 50, y diez años más tarde empezó a desarrollarse en nuestro país. Landini enseña las técnicas de armado y da contenidos teóricos sobre matemática, física y aerodinámica. "Se incursiona en conocimientos iniciales de las ciencias aeroespaciales", describe. Los que recién empiezan construyen cohetes que se compran con todas sus partes e instrucciones para armar, pero en niveles más avanzados se trabaja con planos "a partir de ideas propias o de dibujos y fotos de otros modelos".


El día clave, en que se pone a prueba todo el esfuerzo realizado, tanto por alumnos como por modelistas experimentados, es la fecha del lanzamiento. "Se produce un intercambio de conocimiento entre principiantes y coheteros de años", subraya. Estas jornadas las organizan una vez por mes en espacios abiertos, en ocasiones en el aerodromo de Longchamps y otras en el club Agrupación Aeromodelista Pucará, de González Catán. "Hasta que el cohete no está en el aire, no se sabe lo que va a pasar", advierte Fabián.

El despegue se realiza en forma vertical y la idea, por lo general, es lograr la mayor altura posible. La distancia que recorren depende de factores como el empuje, los motores utilizados y el material empleado, entre otros. Y, sin lugar a dudas, el momento del conteo final es el de "mayor emoción y tensión", porque es el pico máximo de incertidumbre. "Si hicimos todo bien, el esfuerzo puesto en el modelo se ve coronado con un excelente vuelo", argumenta. Pero hay veces en que no todo sale como se espera y hay que pasar a analizar el motivo de las fallas que frustran el lanzamiento, reparar el modelo y volver a intentar.

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En abril, afrontó otro desafio, con la colaboración de Guillermo Gescalzo, de la Asociación de Cohetería Experimental y Modelista Argentina (ACEMA) --http://www.coheteriaamateur.com.ar--; de Roberto Muller, de la EAME Cóndor, y otros partícipes: se filmó el vuelo de modelos a escala, y tanto la camara como el cohete fueron recuperados sanos y salvos. "Ver despegar un modelo que yo construí, a partir de una idea que investigué, es un logro que me hace sentir un poco más cerca de aquellos pioneros de la cohetería que una vez soñaron con viajar al espacio", concluye.

Por Rafael Bagnati

miércoles 28 de mayo de 2008

Tecnología con raíces




“Cada obra pone en evidencia el espíritu de un pueblo que se eleva a universos mágicos, en un culto sabio y enriquecedor de la naturaleza, a la vez que plantea la aparición de un espacio-tiempo mítico que se simboliza en la perfección de lo esférico y que se abre a la infinitud cósmica del misterio. Paralelamente, en medio de estos mundos mágicos que se sustentan en milenarios cultos, aparece la forma basada en la cuadrícula, esa estructura que se concreta en la pantalla de la computadora y que también alude a otro mito, al que actualmente domina al mundo: el de la comunicación. Cuadrícula que casualmente coincide con los códigos binarios de la computación, la bandera wiphala y la estrella de la cruz del sur. Ambas alusiones míticas se tutean en cada obra, la primera unida al sortilegio de fuerzas más allá de lo humano, en la que el hombre es consciente de sus propias limitaciones; la segunda, adherida a la materialidad de la razón, en la que predomina la ilusión del ser humano de dominar el mundo actual, galvanizado a las apariencia concretas de lo tecnológico”.

Ese es el Manifiesto del proyecto multimedia de Fabiana Martínez, escrito por la crítica de arte Margarita Lotuffo. Martínez es una artista plástica que “investiga el campo tecnológico y digital aplicados a la imágen con artistas digitales argentinos, video esculturas, audio esculturas, video instalación variable y Web Art”.
Ahora es la directora de arte del grupo folclórico Fuego Indio y se encarga de la realización de sus videos.

Fabiana nació en Salta y ahora vive en Rafael Castillo. Artísticamente mezcla la cultura que le dejó su linaje incaico con herramientas tecnológicas nuevas. Por no olvidarse de sus raíces, es una verdadera heroína anónima.

M.A.

viernes 23 de mayo de 2008

Todo lo que encierra una pintura


La fuerza de sus obras parece a punto de romper el marco de los cuadros. "Pintar es lo que me da vida", suelta Ruben Horacio Quiroga. Firma al pie del bastidor con su primer nombre, que se debe a su tío Ruben Cerdat, un argentino detenido y desaparecido en Bolivia, que perteneció al Ejército de Liberación Nacional de ese país. "Hay mucho de él en todo lo que hago", afirma.

No ata su creatividad a un sólo género: pintó indumentaria y realizó trabajos de diseño para grupos de música, entre otras cosas. En su mayoría, las obras las hace con acrílicos y desarrolla técnicas como el dripping (dejar gotear la pintura sobre el lienzo) o el splashing (lanzarla), consecuencia de su admiración por Jackson Pollock, artista expresionista abstracto de Estados Unidos, a quien toma "como un punto de partida".

"Tengo un estilo marcado, pero siempre busco superarme", explica. Hizo cursos de arte y pintura, y tomó clases de dibujo en el centro cultural Ceta, de su barrio natal Banfield. "Pero nunca dejé de investigar por mis propios medios, algo que me sirvió mucho", señala.

Las pinturas se fueron acumulando y pidieron pista. "Me exigían salir todas las obras que estaban en mi casa", apunta. Se decidió a buscar dónde exhibir y, el año pasado, pudo colgar sus creaciones por primera vez en un centro cultural de San Telmo. Luego, le siguieron distintos lugares de la zona Sur, entre ellos bares, boutiques de ropa y hasta una casa de iluminación.

Ante la escasez de espacios para exponer, creó una página de internet en la que muestra permanentemente sus producciones http://www.ladocontemporaneo.com.ar/. "Es mi galería virtual, al alcance de cualquiera", describe. Y cierra: "Todo sirve para dar a conocer lo que hago. No pierdo las esperanzas de llegar a vivir de lo que me da vida".

Por Rafael Bagnati

martes 6 de mayo de 2008

Un músico hecho a los golpes


En principio, uno puede pensar dos cosas si ve a un hombre adentro de un micro escolar golpeando los asientos de cuerina con unos palillos de batería: que está loco o que es un baterista apasionado de la música. La segunda impresión es la que se afirma al conocer al percusionista y chofer Néstor Horacio Martín, de 60 años.

Por falta de tiempo libre, el colectivo anaranjado con el que lleva y trae a los estudiantes se convirtió en su sala de ensayo móvil. "La música es mi cable a tierra", reconoce Mister Percussion, apodo con el que se presenta.

Está casado, tiene dos hijas y un nieto. Trabaja todos los días; además de músico y chofer, es docente en una escuela especial, ubicada en la localidad bonaerense de Monte Grande. “Cuando puedo doy clases de percusión junto a la profesora de música”, agrega.

Así, en cuanto encuentra un hueco en su rutina, hace sus ejercicios sobre el respaldo de los asientos del micro. Más ahora que se encuentra en la etapa final de la grabación de su primer disco como solista, en el que registrará sus toques sobre temas de otros. Una explicación sincera acompaña su decisión de hacer música en soledad. "Arriba del escenario me como al público; hago el show yo solo", afirma.

¿Antecedentes? Su padre tocaba el saxo y la flauta traversa. Mister Percusssion, a los 14 años, ya formaba parte de Los Thunder Bird, un grupo que hacía baladas. "Nos presentamos en varias discotecas y bares de la Provincia de Buenos Aires", recuerda.

Luego pasó a tocar con Richard y sus Blue Angels hasta finales de la década del 60. Con distintas agrupaciones, hizo zamba, folclore y rock, entre otros ritmos. Si bien por trabajo se vio obligado a callar sus golpes sobre los bombos y los redoblantes; desde hace unos años volvió a dedicarle más tiempo a su pasión. Abocado a su proyecto de grabar un disco, suelta: "Voy a seguir dándole a los parches hasta que me muera".


Por Rafael Bagnati

viernes 2 de mayo de 2008

Pasión sobre rieles


Desde chico sintió una fascinación especial por los trenes. Le pedía a su papá que lo llevara a Retiro o a Constitución para ver la llegada y la partida de las formaciones. "Era para mí la mejor salida dominical", recuerda Andrés Bilstein, de 30 años.

Este interés creció y se convirtió en una auténtica pasión que lo motivó a profundizar su conocimiento sobre el tema. ¿Cómo? En los ratos libres se dedica a desarrollar una página de internet, un blog, y una revista acerca de los ferrocarriles. Allí, realiza notas, hace un repaso por la historia de algunas locomotoras en el país y da a conocer emprendimientos de otros aficionados.

"Estas son las actividades que más disfruto, aunque me dicen que estoy sobreocupado", señala, que además es docente secundario y trabaja en el área de sistemas del Ministerio de Infraestructura de la Provincia de Buenos Aires. Junto a un amigo realiza la revista Bastón Piloto y mantiene actualizado su sitio www.portaldetrenes.com.ar. En ambos, publica notas propias que produce a partir de investigaciones personales y con la ayuda de especialistas. "Pongo énfasis en difundir los valiosos esfuerzos individuales y colectivos por mantener viva la memoria y la tradición cultural de nuestro ferrocarril", señala.

Bilstein está casado y tiene un hijo de cuatro años, al que ya está "entrenando en modelos de locomotoras", apunta. Lejos de las maquetas de trenes a escala y de los modelos artesanales hechos a mano, este aficionado afronta a diario las inclemencias del Roca --vive en Lomas de Zamora--. Sin embargo, atesora una convicción: "El tren debe ser valorado como un medio de transporte seguro y económico".

Y le basta con agregar la importancia que el servicio tiene como integrador y desarrollador de las regiones que atraviesa. "La gente debe saberlo, revalorizarlo. Desde mis actividades, espero contribuir a informarlo", concluye, y se gana un lugar entre los Héroes Anónimos que deambulan por la ciudad.


Por Rafael Bagnati

Una aventura con destino a Malvinas











Navegar hacia rumbos desconocidos resulta apasionante para ellos. Pero para Carlos Giovannacci (52) y Victoria Del Vacchio (50), este viaje no sólo representó un desafío náutico."Queríamos conocer ese lugar lleno de misterios y de tanto significado para los argentinos", dirá la pareja sanisidrense ya de regreso. ¿De qué destino hablan? Nada menos que de las islas Malvinas. La travesía comenzó el 29 de diciembre cuando zarparon a bordo del velero "Galileo", desde el Club Barrancas de San Isidro. El viaje duró 12 días y no hicieron paradas. Los protagonistas de la aventura permanecieron en Malvinas casi tres semanas. Se trata del segundo barco de nuestro país que logró desembarcar en Puerto Argentino tras la guerra de 1982.
Cuando sólo faltaba un día para arribar, los tripulantes quedaron envueltos en un manto de neblina que no les permitía ver ni siquiera el agua."De repente la niebla se levantó como si fuera un telón y mágicamente apareció Puerto Argentino. ¡No lo podíamos creer!", detalla Victoria. En ese instante, el temor se apoderó de ambos; no se imaginaban de qué manera podrían llegar a recibirlos los británicos.
"Las personas y los pueblos no tienen nada que ver con los gobiernos", fueron las primeras palabras de una joven y amable oficial de migraciones. "El trato de la gente resultó excelente; nunca pensamos que íbamos a hacer tantos amigos", comenta el vecinos de San Isidro. Y agrega: "Todos los isleños querían contarnos algo de la guerra. Dicen haber ayudado con alimentos a los chicos de nuestro país que combatieron allí. Los recuerdan con pena; porque se notaba el hambre, el frío y el miedo que pasaban. También nos hablaron del maltrato que sufrían los soldados argentinos por parte de sus propios oficiales, a quienes en las islas se los conoce como 'los hombres malos".
Ya en tierra, Carlos y Victoria caminaron hacia las playas de arena blanca y agua turquesa que rodean la ciudad de Puerto Argentino. Pero se encontraron con la sorpresa de que sólo podían acceder a una de ellas; las demás están cercadas con carteles rojos que señalan "peligro". Es que se trata de zonas minadas que permanecen desde la guerra. Los isleños les contaron a los vecinos que en algún momento intentaron remover los explosivos, pero como durante la tarea murió un hombre, el gobierno británico decidió no arriesgar más vidas. Por lo tanto, no se sabe qué cantidad de minas hay, ni dónde se encuentran específicamente.
"Parece que la guerra hubiese terminado la semana pasada", dice Carlos. Y cuenta conmovido que al lado de la playa "Surf bay", donde existen trincheras que pertenecieron a los soldados argentinos, encontró cientos de zapatillas de la marca nacional "Flecha". Pero esos no son los únicos restos de la guerra: también perduran en el tiempo cantimploras y borceguíes. Luego de pasar por el Museo de Puerto Argentino, los vecinos se detuvieron en el Cementerio de Darwin. "Es un sitio desolador", expresa Carlos.
Ya de regreso, en el Club Barrancas de San Isidro, la pareja fue recibida con aplausos, cornetas y hasta champán. La aventura había llegado a su fin y la alegría era verdaderamente inmensa. "¿Sabías que somos la primera pareja de novios que navegó hacia las islas Malvinas?", remata con una sonrisa Victoria.

Su paso por el cementerio de Darwin:

"La imagen es triste. Se trata de un desierto de piedras gigantes y arbustos achaparrados. Y en el medio 230 cruces blncas". Así describe Carlos al cementerio de Darwin, en Goosegreen. Allí, 120 de esas cruces llevan la leyenda "Soldados sólo conocidos por Díos". "No tengo a nadie enterrado allí, pero no podía parar de llorar", cuenta Victoria.
La pareja pudo comprobar que muchos soldados británicos visitan el lugar. "Nos dijeron que
ellos, al igual que los argentinos, necesitan volver para cerrar un capítulo. Algunos sienten culpa porque fue una guerra muy desigual en todos los aspectos", agrega Victoria.
Esta pareja protagonizó una aventura única hacia esas tierras donde cayeron muchos soldados argentinos que dejaron su vida en la guerra de Malvinas. Para muchos, ellos se convirtieron en héroes, al igual que Carlos y Victoria luego navegar desde San Isdro a las Islas.

Por Leonel Pagliaro

jueves 1 de mayo de 2008

Brinda su ayuda en rincones lejanos del mundo

El camino que el médico cirujano Martín Cazenave (42) eligió puede que sea riesgoso por momentos, pero ya nada lo detiene. Ayudar a poblaciones precarias víctimas de catástrofes o conflictos armados en rincones lejanos del mundo se ha convertido en el motor de su vida. Desde hace tres años forma parte da la Organización Humanitaria Internacional Médicos Sin Fronteras. Allí, además de sus conocimientos profesionales, deja su corazón en cada intervención ante un paciente. Y a su vez recibe el afecto sincero de la gente. Con ustedes, la historia de otro héroe anónimo que sea ganado un lugar en nuestro blog.
“Cuando estaba estudiando en la facultad, a los 23 años, siempre les decía a mis amigos que dentro de la medicina mi deseo más grande era poder realizar trabajos
humanitarios”, hace memoria Martín. Y justamente en el 2005 llegaría su primera experiencia ¿El destino? Darfur, una región situada al oeste de Sudán, en Africa. Allí se vive una cruel guerra civil entre rebeldes y el gobierno. El proyecto era poner en funcionamiento un hospital en el pueblo de Golo, que no contaba con los medios para atender a la región.
“La gente de las afueras del pueblo llegaba en burro o camello para ser atendida luego
de tres días de viaje”, comenta el médico, quien permaneció cuatro meses allí. Además, confiesa haberse enfrentado a un mundo que ni siquiera había visto por la televisión. Martín expresa que la sensación al volver de una misión no es de victoria, porque la gente muchas veces muere por falta de medios, cuidados básicos sanitarios o porque ignoran la enfermedad y asisten al hospital cuando ya resulta demasiado tarde. “Todo esto genera una especie de adicción de querer volver para seguir ayudando”, revela. Y agrega: “El afecto que uno recibe es enormemente mayor a lo que estás dando. Y resulta asombroso encontrar afinidad con gente de otras culturas y religiones”.
La actualidad encuentra a Martín Cazenave en el puerto de Buenaventura, en Colombia. Así transcurre su vida, en diferentes lugares del mundo no tan cercanos a su barrio de Beccar.

Por Leonel Pagliaro

La súper abuela

Festejó sus 89 años jugando al tenis con su familia.

“Llegó el día. Estoy feliz”, piensa en voz alta María Teresa Kraefft apenas se levanta de la cama. Mausi, así la llaman sus seres queridos, cumple 89 años y desde los 10 años jamás abandonó la raqueta. Y como sus tres hijos, 11 nietos y 10 bisnietos también juegan al tenis, ¡qué mejor idea que festejar el cumpleaños con un partido entre las cuatro generaciones!
¿Será su sangre húngara con páprika? ¿De dónde saca esa asombrosa energía? “Toda la gente me pregunta cuál es el secreto para mantenerme tan bien a esta edad. Yo digo que el secreto es estar activa”, revela esta mujer oriunda de Quilmes. El sol acompaña este día tan especial para ella y los parientes van llegando poco a poco a un club donde una larga mesa esta lista para que toda la familia (léase: ¡Son más de 70!) disfrute de un sabroso asado al finalizar el match.
Mariano (39), el nieto mayor es el compañero de la cumpleañera. Del otro lado de la red está Francisco (11) bisnieto mayor y Albero (65) el hijo mayor de Mausi, que ya en el partido sorprende con un impecable revés y se roba los aplausos de toda la tribuna familiar.
El partido termina 6-3 para la abuela enérgica y su nieto mayor. “Es un gran ícono de la unión familiar y transmite energía a todo el mundo” comenta una hermana de Mausi. “Sí tuviera que volver a vivir haría exactamente lo mismo. Estoy muy conforme con mi vida”, concluye la abuela que juega al tenis cuatros veces por semana. Si a los 89 años lleva este ritmo en la actividad deportiva ¿Quién podría negar que estamos frente a una heroína anónima?

Por Leonel Pagliaro

Abren una biblioteca en la villa La Cava







Un grupo de jóvenes convirtió una casilla de La Cava en biblioteca

Ellos buscan inculcar en la villa el amor hacia los libros. Además, quieren fomentar el arte y la cultura en ese pequeño mundo aislado de la sociedad. Se trata de un grupo de jóvenes que se acercó a la villa La Cava, la más grande del conurbano bonaerense, con una misión: convertir una humilde casilla en la biblioteca. Así nació, el 1 de mayo de 2007, la Biblioteca Popular Cava Joven, un espacio del que disfrutan a diario la gente de este barrio ubicado en el corazón del Partido de San Isidro.
“Apuntamos a una transformación social, aunque sea pequeña. Queremos que La Cava pueda acceder a espacios culturales y artísticos como cualquier otro barrio”, resalta Julieta Bouille (27), una de las artífices del proyecto.
Un gigantesco muro de color se extiende sobre la calle Hudson. Ese paredón separa las dos realidades sociales que conviven en San Isidro: ranchos de chapa con piso de barro, por un lado; mansiones con enormes parques y piletas, por otro. “Ese contraste siempre me generó injusticia. Por eso, sentí que montar una biblioteca allí era una manera de no quedarme con los brazos cruzados”, completa Julieta, estudiante sociología.
Ramiro Sorondo, otro que deja el corazón en esta gran propuesta, explica que la idea no consiste solamente en prestar libros, sino impulsar talleres y actividades para transformar la biblioteca en un centro cultural.
La alegría que estos jóvenes despiertan en lo pibes de la villa al leerles un cuento resulta un espectáculo asombroso. “Venir aquí es enriquecerme como persona al conocer otra realidad. Pero a la vez los chicos se enriquecen con nosotros. Buscamos inculcar valores como el respeto hacia el compañero y saber compartir”, agrega María Eugenia Alvarez (19), también, fundadora de este proyecto solidario. Ellos lucha día tras día para lograr el reconocimiento de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (CONABIP) y así obtener un subsidio. Y en un futuro pretenden que la biblioteca quede a cargo de la gente de La Cava. Este grupo de jóvenes aporta su granito de arena para lograr la inclusión social de los habitantes de la villa. Y lo más importante: lo hacen de corazón. Es sencillamente por esta razón que se han convertido en verdaderos héroes anónimos.

Por Leonel Pagliaro

martes 29 de abril de 2008

Las mil anécdotas del Maestro Marzán




Trabajó décadas en televisión como pianista de programas de Gerardo Sofovich y Bergara Leumann.

Acompañó mucho a Goyeneche, fanático de Platense como él. Y tocó junto a Pavarotti arriba de un avión.

El maestro Mario Marzán y su familia son pura hospitalidad. Su casa --ubicada en Florida Oeste, cerca de las vías del Belgrano-- se parece a esas del interior del país en las que los anfitriones se enojan si el invitado no come o no toma lo que le ofrecen.
De amplia trayectoria en televisión, Marzán es una persona sencilla que desde los cuatro años tuvo facilidad para el piano, aunque en algún momento de su vida dudara sobre su futuro artístico, más que nada por el miedo a no poder vivir de la música. "Casi me meto a abogacía, pero por suerte opté por el piano", resalta este fanático de Platense que más de una vez se animó a cargar en cámara a Gerardo Sofovich por las victorias del equipo de Vicente López sobre Boca.
Justamente esa pasión por el Calamar lo llevó a tener una relación especial con Roberto Goyeneche, a quien le arreglaba los temas cuando iba a cantar a La Botica del Tango, el ciclo televisivo de Bergara Leumann donde Marzán era pianista estable. Más allá de las innumerables anécdotas que cosechó junto al Polaco, el pianista siempre resalta que cuando perdía Platense, Goyeneche iba al programa con la cara por el piso y casi sin ganas de cantar, pero que cuando ganaba su voz sonaba tan enérgica que tenía que subirle medio tono al piano para que no desentonara.
Si de famosos se trata, este pianista carismático de 60 años conoció y tocó con muchos, pero quizá el más significativo --por su magnitud-- haya sido Luciano Pavarotti. Lo curioso es que el maestro, como lo llaman en el ámbito televisivo, nunca compartió escenario con el tenor italiano, sino que tocó con él arriba de un avión. "Pavarotti estaba sentado justo adelante mío y como yo tenía un organito a pila empecé a interpretar una ópera", cuenta. El tenor, que no pudo con su genio, se levantó y le pidió que siguiera tocando. El mini recital se extendió sólo por 15 minutos, pero a Marzán le bastaron. "Fue uno de los días más lindos de mi vida, nunca me lo voy a olvidar", valora emocionado.
Vecino de Florida desde hace 25 años, le gusta escuchar todo tipo de música, pero tiene debilidad por el tango y el jazz, géneros que transita asiduamente durante sus shows, que tienen la peculiaridad de ofrecer mucha interacción con el público. "Preparo chistes, gags e historias. La gente se sorprende porque no espera participar, sino estar sentada solamente escuchando", recalca el músico que actualmente está presentando una cronología del tango en la que explica los orígenes, el desarrollo y la actualidad del movimiento artístico relatando anécdotas, informando y ejecutando los temas más significativos de cada época.
Entre los pianistas, Marzán comenta que admira a los de jazz, pero asegura que hay uno especialmente dentro del rock nacional que lo puede: Charly García. "Su talento es nato", afirma. Lo único que el maestro de Vicente López no sabía, hasta que se encontró con el mismo García en una estación de servicio, es que la admiración resultaba mutua. "Mientras estaba cargando nafta se acercó y me pidió un autógrafo. Humildemente le dije que en realidad era él quien tenía que dármelo. De repente se subió al auto y se fue, locuras de Charly, un tipo súper querible", resume.
De todos los ciclos televisivos por los que pasó, el más importante --por exposición y tiempo-- fue La Noche del Domingo, conducido por Gerardo Sofovich. Allí el maestro ejecutaba piezas que pedía el público. Muchas veces la gente le solicitaba tango pero con otros ritmos, algo muy difícil de hacer y que le valió el elogio --entre otros-- de Guy Williams, el legendario actor que personificó a El Zorro y se acercó a saludarlo en un programa luego de que el maestro ejecutara "Para Elisa".
Por Juan Pablo Estévez

miércoles 23 de abril de 2008

2x4 desde el Oeste

En un hogar de Ramos, el padre escucha tango a todo volumen mientras la madre hace todo lo posible por desenchufar el grabador. El niño que mamó eso es Pablo Javier Diaz, ahora un cantante tanguero que con tan sólo 26 años deja la impronta de su voz en los clásicos del género.

"Yo soy un laburante de la música. Trabajo y vivo para el tango pero no de él", asegura Diaz. En 2006 salió su primer disco, titulado "Entre Cuerdas", en donde interpreta clásicos como "Malena", "Por una cabeza" y una versión en vivo de "Cuando tú no estás", de Gardel y Le Pera. Toda la grabación fue de manera independiente en el estudio "La Colguera" de Ramos.

Arranqué a los seis años tocando temas de rock nacional en la guitarra y en la adolescensia me picó el bichito tanguero y nunca paré", relata Pablo, que vivió toda su vida en "la perla del Oeste". Ahora está por terminar la larga tecnicatura de canto en la Escuela Nacional de Arte Popular Leopoldo Marechal.

"Siempre que conpongo reflejo mi barrio, mi gente, el almacen de la esquina, los amigos y los hermosos momentos vividos", comenta el cantante, que comenzó presentandose en distintos bares de Ramos y Morón para después pasar al circuto porteño de San Telmo. "Pero nunca voy a dejar de cantar en el oeste, porque es mi lugar de origen", aclara.

M.A.